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¡Constantemente investigando, aprendiendo, evolucionando y compartiendo!

 

Disfruto cada día concentrándome en avanzar por encima y más allá de mis limitaciones, ampliando así mi visión del mundo y de la vida.

Disfruto también, compartiendo con los demás, mis conocimientos sobre la Ingeniería Del Cambio Emocional, la Programación Neuro-Lingüística y todo lo concerniente a la Nueva Psicología de Éxito y el Óptimo Rendimiento Humano.

Es un regalo para mí tener la oportunidad de estar, no sólo formando y motivando a los demás a través de los Cursos y Master Class que realizo, sino llevar a cabo también unas especiales sesiones terapéuticas para la mejora personal.

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jueves
abr192012

Un Sueño

Hace ya muchos años a los pies de una gran montaña de Canada, vivía un joven leñador en una humilde cabaña. Apenas tenía lo bastante para comer y vestir pero tenía grandes sueños. Después de una dura mañana trabajando con su hacha como de costumbre, se dirigió a un viejo dolmen para recostarse y reponer fuerzas.

 Al despertarse de su siesta comenzó a recordar el inusual sueño que había tenido. Una extraña figura vestida de blanco y azul se acercó a él y le dijo: “¿Por qué sigues aquí? Si deseas vivir tu sueño, ¡Despierta! No esperes que el mundo te dé lo que buscas. ¡Haz algo! Si realmente quieres algo, debes buscarlo. Ve a la gran ciudad, en la plaza del centro te aguarda tu fortuna. Allí es donde la encontrarás. Sal a buscarla”

 El joven quedó tan impactado por la nitidez y realismo del sueño que la semilla empezó rápidamente a echar raíces y a crecer en su interior. Comenzó a planificar el largo viaje a la ciudad. Cruzó anchos valles y rugientes ríos, atravesó altas montañas hasta que finalmente llegó a la gran metrópolis.

 La plaza estaba atestada de gente. Había comerciantes de pie a la puerta de sus locales pregonando sus mercancías. Había caballos y carros con personas y animales yendo y viniendo del mercado; Los ricos pasaban con sus carruajes y los pobres a pie, mirando por los escaparates dentro de las tiendas para ver cosas que no podían permitirse. Todo el mundo estaba allí, en toda su abundancia. Los colores, los olores y los sonidos de la bulliciosa vida de la ciudad.

 El joven leñador nunca había visto tanta actividad, ni oído tanto ruido o sentido tanta excitación en su vida. Pero tenía una misión que cumplir, encontrar su fortuna, de modo que recorrió la plaza a pie de arriba abajo para encontrar su destino. Y después volvió sobre sus pasos para averiguar dónde podía haberlo pasado por alto. Y así una y otra vez durante todo el día. Seguía buscando aún adentrada la noche cuando todo el mundo se había ido ya a su casa, hasta que finalmente, exhausto, se desplomó en la puerta de uno de los comercios y se durmió.

 A las siete de la mañana le despertó bruscamente una fuerte patada en las costillas.

¡Eh! Levántate vago”, rugió el comerciante en cuya puerta había estado durmiendo el joven leñador. “¿Qué demonios estás haciendo aquí? Te he estado observando durante toda la tarde y noche de ayer. Andando de arriba a abajo. Husmeando en todas las tiendas. Mirando en todas las juntas de los adoquines del pavimento. A ver si caía algo de detrás de los carros. Tienes suerte de que no llame a la policía. ¿Qué demonios andas buscando, mentecato?”

 “Vine aquí para buscar mi fortuna”, balbuceó el leñador. “Tuve un sueño”.

 El comerciante arqueó las cejas quedándose perplejo. “Tendrás que explicarte mejor, mequetrefe”. Para entonces, ya se había formado un pequeño grupo de gente alrededor. “Háblanos de tu sueño”, espetó el comerciante.

 El leñador le explicó que en su visión se le apareció una extraña figura vestida de blanco y azul. “Me dijo que encontraría mi fortuna aquí, en esta plaza. Así que me vine hasta la gran ciudad recorriendo a pie todo el trayecto desde mi pequeña cabaña que se encuentra a más de 300 kilómetros. Habéis de saber que vendí todas mis pertenencias para venir a buscarlo”.

 El comerciante se rió a carcajadas. “No hagas caso de los sueños. Los sueños son cosa de locos, de niños, de viejas y de curas. Hazme caso, búscate un trabajo y gánate la vida. Trabajo y destino, eso es lo único que importa. ¡Y ahora muévete!”

 “Pero mi sueño…” Empezó a decir el joven.

 “Escúchame bien”, le interrumpió el comerciante. “Los sueños son una pérdida de tiempo. No son más que obra del demonio. Yo mismo tuve un sueño anoche…Pero que me corten el cuello si le hago el menor caso. Allí estaba yo a los pies de una alta montaña, había un antiguo dolmen y junto a él enterrado a más de tres metros vi el cofre de un gran tesoro escondido precipitadamente hacía ya mucho tiempo por un pirata tuerto. ¡Ja! No es más que un sueño, una fantasía de niños. Eso es todo y nada más”.

 Pero el joven leñador ya se había ido de vuelta hacia su montaña. Al llegar al dolmen totalmente exhausto comenzó a excavar frenéticamente y sin descanso.

 El joven leñador nunca llegó a ir a la escuela pero hizo otra cosa en su lugar. Sacó provecho de su fortuna, el tesoro del pirata, y con el tiempo se convirtió en un rico comerciante, el más rico de aquellos contornos. Y con sus ganancias construyó escuelas, trajo a los mejores profesores y ofreció becas para los pobres. Y no pasó mucho tiempo antes de que aquel escondido rincón de su tierra natal se conociera en todo el país por su cultura tan rica y diversa. Todavía se puede ver hoy su estatua en el centro del pueblo donde construyó su primera escuela para pobres y desfavorecidos.

 ¿Crees tú también que los sueños son una pérdida de tiempo? Considera esto por un momento. ¿Cuántos sueños has desechado tú a lo largo de tu vida por creer que eran simplemente cuentos de viejas? Y, ¿cuántos tesoros puedes tener aún a tu alrededor que ni siquiera te habías dado cuenta de que están ahí, esperando a que despiertes de tu letargo y destierres así tu propia "fortuna"?

 Decide pues, que mientras te desperezas ahora y comienzas a sacudirte de encima todas las dudas y miedos que estén aún presentes en tu vida, te brindarás también la oportunidad de observar y escuchar atentamente lo que te rodea, pues todo ello está ahí para servirte.

 Así que, activa ya tu determinación personal y empieza hoy mismo a dirigirte rápidamente y con paso firme hacia la gran plaza de tu vida para descubrir no sólo el regalo de un nuevo destino sino disfrutar visionando también con quienes compartirás tu hallada abundancia en esta nueva realidad.

 Y hasta que nos veamos de nuevo en nuestra próxima cita, simplemente recuerda que…

 ¡TÚ ERES, la llave del CAMBIO!

 

 

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    Amazing page, Continue the excellent job. Thanks a ton!

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