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¡Constantemente investigando, aprendiendo, evolucionando y compartiendo!

 

Disfruto cada día concentrándome en avanzar por encima y más allá de mis limitaciones, ampliando así mi visión del mundo y de la vida.

Disfruto también, compartiendo con los demás, mis conocimientos sobre la Ingeniería Del Cambio Emocional, la Programación Neuro-Lingüística y todo lo concerniente a la Nueva Psicología de Éxito y el Óptimo Rendimiento Humano.

Es un regalo para mí tener la oportunidad de estar, no sólo formando y motivando a los demás a través de los Cursos y Master Class que realizo, sino llevar a cabo también unas especiales sesiones terapéuticas para la mejora personal.

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jueves
may302013

Derrotado Por Sus Pensamientos

¿Eres realmente consciente de todo el poder que tienen tus pensamientos sobre tu cuerpo, tus emociones y, en definitiva, sobre tu vida?

El psicólogo Bruno Klopfer estaba tratando a un hombre llamado Wright de un cáncer avanzado en los nódulos linfáticos. Habían agotado hasta el final todos los tratamientos habituales y parecía que a Wright le quedaba poco tiempo. Tenía el cuello, las axilas, el pecho, el abdomen y las ingles cubiertas de tumores del tamaño de naranjas, y el bazo y el hígado se la habían agrandado tanto que todos los días había que sacarle del pecho casi dos litros de un líquido lechoso.

Pero Wright no quería morir. Se enteró de que había una medicina nueva y asombrosa, llamada Krebiozen, y le pidió a su médico que le dejara intentarlo. El médico se negó al principio porque la medicina sólo se había experimentado en pacientes con una esperanza de vida de tres meses por lo menos. Pero Wright se lo suplicaba tan insistentemente que al final el médico cedió. Le puso una inyección de Krebiozen un viernes, aunque en su mente no esperaba que Wright durase el fin de semana. Luego se fue a casa.

Al lunes siguiente, le sorprendió encontrar a Wright levantado de la cama y paseando. Klopfer le contó que sus tumores se habían “derretido como bolas de nieve sobre una estufa caliente” y que tenían la mitad del tamaño original.

Era una disminución de tamaño mucho más rápida que la que se podría haber conseguido incluso con la radio terapia más fuerte. Diez días después de la primera inyección de Krebiozen, Wright dejó el hospital y, por lo que podían decir los médicos al menos, se había librado del cáncer.

Cuando ingresó en el hospital necesitaba una mascarilla de oxigeno para respirar, cuando salió, estaba lo bastante bien como para volar en su propio avión a doce mil pies de altura sin sentir malestar alguno.

Wright siguió estando bien durante un par de meses aproximadamente, pero entonces empezaron a aparecer artículos afirmando que el Krebiozen no hacía efecto en el cáncer de nódulos del sistema linfático. Wright, que tenía una forma de pensar estrictamente lógica y científica, se deprimió mucho, sufrió una recaída y reingresó en el hospital.

Esa vez, el médico decidió intentar un experimento. Le dijo a Wright que el Krebiozen era tan eficaz como parecía, pero que algunas de las remesas iniciales de la medicina se habían deteriorado durante el transporte. Le explicó, no obstante, que tenía una versión nueva de la medicina, muy concentrada, y que podía tratarle con ella.

Por supuesto que el médico no tenía una versión nueva de la medicina y lo que se proponía era inyectarle a Wright agua pura. Para crear el clima apropiado creó incluso un procedimiento elaborado antes de inyectarle el placebo.

Nuevamente los resultados fueron espectaculares. Las masas tumorales se derritieron, el fluido del pecho desapareció y Wright no tardó en estar otra vez en pie sintiéndose estupendamente. Estuvo sin síntomas durante otros dos meses, pero entonces la American Medical Association anunció que, en un estudio sobre el Krebiozen realizado en todo el país, se había descubierto que la medicina era totalmente inútil en el tratamiento del cáncer.

Aquella vez, la fe de Wright se hizo añicos. El cáncer resurgió otra vez y Wright murió dos días después.

La historia de Wright es una historia trágica, pero tiene un mensaje poderoso.

Ya que, si hay algo que deja claro el acontecimiento que acabas de leer, descrito por el famoso escritor Michael Talbot en su libro “El Universo Holográfico”, es que la mente tiene un poder increíble.

Cuando renunciamos a los datos que provienen del exterior y decidimos generar un estado inquebrantable de certeza y utilizar también las fuerzas creativas que hay siempre en nuestro interior, podemos hacer que hasta los tumores desaparezcan de la noche a la mañana.

Algo similar ocurrió con una sustancia utilizada en quimioterapia llamada cisplatino. Cuando estuvo disponible por primera vez, se promocionó también como una medicina milagrosa y el 75 por ciento de la gente que la tomó se benefició del tratamiento. No obstante, cuando pasó la ola del entusiasmo inicial y su uso se hizo más rutinario, la proporción de eficacia bajo un 25 o un 30 por ciento.

Aparentemente, la mayor parte del beneficio obtenido con el cisplatino fue también consecuencia del efecto placebo.

¿Qué es el efecto placebo?

Es el fenómeno por el cual los síntomas de un paciente mejoran mediante un método con una sustancia inocua.

Ahora bien, si alguien puede mejorar su vida con el increíble poder de sus pensamientos, creyendo con absoluta certeza y convicción que el método que están llevando acabo es realmente lo que les sanará, ¿cómo es que no todo el mundo se compromete con ese mismo grado de convencimiento para sanar y mejorar su realidad?

¿Y si empezaras tú, a partir de hoy, a utilizar ese mismo poder al que accedió Wright para derretir sus tumores de la noche a la mañana? ¿Y si usaras tú también esa misma habilidad que existe en tu interior para materializar cualquiera de tus sueños? ¡Piénsalo! ¿Qué pasaría si lograras desarrollar cada día ese mismo don creador transformando positivamente la calidad de tu vida?

Y hasta que nos veamos de nuevo en nuestra próxima cita, simplemente recuerda que…

¡TÚ ERES, la llave del CAMBIO!

 

 

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