Consejos Doy...
viernes, julio 22, 2016 at 4:16PM
David Barcos

A la mayoría de la gente no le gusta recibir consejos cuando estos no han sido solicitados.

¿Por qué? 

Piensa por un momento en lo que eso presupone…

Imagina que te encuentras por la mañana en una esquina de tu ciudad removiendo la nieve que se ha acumulado en tu coche durante la noche. Y no sólo eres consciente de lo que estás haciendo sino que sabes, además, cuántos minutos te costará removerla para conducir luego con seguridad.

Pero en mitad de tu trabajo, se acerca alguien y te dice: “Oye, una mejor manera de quitar la nieve es con la espátula Alemana de 12 centímetros de pala... en vez de usar ese raro aparato que tienes en tu mano”

Ahora bien, para que tu decidas seguir su consejo, primero tienes que detenerte, descifrar de qué te están hablando, y evaluar luego si realmente esa es una mejor opción. Las probabilidades de que su consejo te ayude a retirar la nieve de tu coche más rápido son escasas. 

Pero esa no es la razón de por qué no nos gusta recibir consejos que no hemos solicitado. El principal motivo es el significado que existe detrás de esa declaración. 

Lo que ellos realmente están diciendo es: “Yo sé más acerca de quitar nieve que tú”.

Es una forma encubierta de demostrar un estatus social ligeramente superior. Por lo menos, dentro del ámbito de quitar nieve de los coches.

Y esta es, también, la razón de por qué en relaciones de pareja nos podemos llegar a sentir algo “raros” cuando recibimos un consejo que no hemos solicitado. De hecho, a menudo nos hace sentir como si nos estuvieran dirigiendo.

Pero si un día queremos ayudar a alguien, bien sea un amigo, un familiar, un compañero de trabajo o a nuestra pareja, necesitamos entonces colocar nuestras ideas dentro de sus mentes sin que sonemos como el “Sr. Sábelo Todo De Quitar La Nieve De Los Coches”.

¿Cómo? 

Empleando una simple estructura lingüística que te permitirá lubricar tu comunicación, suavizando el efecto de tu sugerencia mientras anulas también su filtro “Anti-Consejos”.

¿Qué cuál es la estructura? 

No te voy a decir… O sea, sí te la voy a decir pero es precisamente el patrón de: “No te voy a decir…” que conseguirá este curioso efecto en la mente de tu interlocutor. Otras variaciones de esta estructura serían:

Usando el ejemplo anterior del coche cubierto de nieve, podrías construir una comunicación del siguiente tipo:

“¡Mira que coche más chulo! Yo tuve uno similar cuando viví en Finlandia y se me cubría de nieve a menudo. No te voy a sugerir que uses la llave Alemana de 12 centímetros porque obviamente tú ya sabes lo que estás haciendo. Lo único que digo es que a mí siempre me funcionó de maravilla, manteniéndome protegido y seco en todo momento, y cuidando siempre mis manos del frío”.

Así que, podríamos sacar ahora un patrón de esta simple comunicación

(No te voy a decir…) + (Consejo) + (Tu experiencia positiva con ese consejo)

“No te voy a decir que comiences a usar este tipo de patrones con la gente porque puede que te etiqueten como “freaky”. Pero hace años, cuando empecé a hacerlo, me sorprendí de lo fácil que era enriquecer la vida de los demás mientras creaba también nuevos amigos. Y en algunos casos, hasta llegué a desarrollar amistades muy especiales de por vida”.

Verás, no estoy sugiriendo que debas cambiar algo en tu forma de vivir o de pensar, porque tú ya eres mayor para darte cuenta de ese tipo de cosas. Lo único que digo es que desde el instante que yo empecé a formularme la pregunta: “¿Cuánta más alegría, placer y bienestar puedo  llegar a sentir y compartir cada día con los demás?” Mi vida empezó a cambiar de tantas maravillosas maneras, que ni si quiera te lo puedo empezar a describir…

Y hasta que nos veamos de nuevo en nuestra próxima cita, simplemente recuerda que…

¡TÚ ERES, la llave del CAMBIO!

 

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